rodrigo

Thursday, September 14, 2006

El recuerdo de las Torres Gemelas (5to ANIV.)

De las más grandes y conocidas gemelas del mundo, sigue quedando tan sólo el vacío. Al alzar la mirada no logramos detenerla más que en el recuerdo. Pero de ese gran silencio surge con la misma densidad con que invadieron las calles las partículas de toda esa gran masa derrumbada, las preguntas que no encuentran respuesta. Más allá de los discursos, de las flores y las lágrimas, el mundo debe recordar las imágenes que alimentaron el terror en todos. Poder recordar con la luz de la memoria cómo es que esa gran ave dorada cortaba el viento y en cuestión de minutos —de segundos en realidad—, dejaba de estamparse en el azul del cielo para estrellarse y prender en llamas una y otra torre de marfil del primer mundo. ¿Qué hacía yo ese día? ¿En esas horas? Leía un libro. Me encontraba detrás de un ordenador. Hablaba por teléfono con un familiar. No. La pregunta va más allá del quehacer diario. En realidad lo que hacía era enajenarme del mundo. Me encerraba sin darme cuenta en un espacio que ahora reconozco, era mi mundo, mi isla no compartida. Y como único dueño y señor de ese espacio, me limitaba a impedir que llegara a mí todo aquello que me obligara a salir y compartir con los demás mis ideas y sus ideas, mi trabajo y su trabajo. Evité a toda costa oír y entender la rebeldía en el discurso de muchos, de la situación de Venezuela, de Cuba, de México, de España, y por supuesto, del Medio Oriente. Llegué a ver las imágenes, es a diario que en cualquier periódico puedo encontrarlas, imágenes de líderes mesiánicos, imágenes de hombres con hambre de paz, imágenes de mujeres y niños que no pueden sonreír. Me limité a ver todo esto como una simple noticia de gente muy lejana a mí. El recuerdo de las Torres Gemelas ha abierto un nuevo sendero en el continuo andar de la sociedad. Ha dado una voz más fuerte al que es amenazado por la más vil y cobarde de las acciones de esos que confunden la Verdad por terror y exterminio. Se ha creado en la sociedad un oído más agudo, un mejor entendimiento de nuestro acontecer diario. Ahora la pregunta es ¿qué estoy haciendo ahora? Ese vacío material ha creado un espacio lleno de fraternidad civil que extiende la mano al amigo para unirse en contra no del hombre, sino en contra de las voluntades corruptas y los deseos de desunión.