De lo mejor en Mexico y sus fronteras nortenhas
Ya tengo algunos años de no viajar al interior de México, quizá cinco, quizá más; pero debe estar sucediendo algo extraordinario en el interior porque, yo que vivo en la frontera, estoy sorprendido de ver a tantos connacionales de visita en todo el norte, desde Tijuana hasta Reynosa y Matamoros. Creo que la mayoría vienen de vacaciones cortas porque apenas si llevan consigo alguna que otra muda, parece que ya se les pego la idea de los gringos de viajar con la mochila a las espaldas. De todas formas me da mucho gusto ver a mis compatriotas viajar y conocer su país. En especial, siento mucha alegría por nuestros indígenas que les debe ir muy bien. He notado que muchos de ellos ya han dejado atrás y en el olvido sus costumbres antiguas de vestir, aquellas blusas y camisas de algodón crudo ya las han cambiado por camisetas americanas con leyendas muy modernas, “Texas Lotto,” “H.E.B.,” “Carwash-Carwash.” Mi inglés es muy pobre pero supongo que debe ser la moda. También han cambiado aquellos sombreros arrugados y quemados por el sol, ahora llevan orgullosos las gorras o cachuchas también americanas. Insisto, el país debe estar haciendo algo fuera de serie porque ahora les alcanza para comprar hasta zapatos tenis que son de una comodidad insuperable; adiós a los huaraches. Qué gusto me da pasear por las calles y ver cómo se divierten a toda hora, a mañana, tarde y noche, los chiquillos, hijos e hijas de nuestros turistas indígenas. Estoy seguro que deben tener algún permiso especial de las escuelas de cada uno de sus estados, especialmente de Oaxaca que tanto a impulsado la educación. A todos estos chiquillos se les ve correr muy divertidos en todas las calles, jugando a torear cada carro que pasa. Sus madres siempre al pendiente, detrás de ellos y extendiendo su mano amablemente a todo aquél que las quiera saludar. Vamos por muy buen camino. Yo soy muy optimista y espero que nuestro nuevo gobierno siga por el mismo rumbo. Ahora sí creo que todos somos iguales.

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