rodrigo

Friday, August 18, 2006

De vuelta al texto

Navegando muy en “alta mar” dentro del InterNet, encontré algunos de los sitos que mis amigos me han recomendado. No acostumbro buscar lugares nuevos, ya me pasó la fiebre que supongo nos dio alguna vez a todos —recuerdo que llegué a pasar más de una media tarde navegando sin rumbo alguno, tratando de ver y encontrar todo lo que estos servicios me pudieran ofrecer. Ahora tengo un poco más de sentido crítico, no confío de todo, siempre es bueno tener algo de prudencia. Bueno, navegaba muy despacio página tras página. Los lugares que visité habían sido recomendados como excelentes. Pronto me di cuenta que estoy muy fuera de lugar con muchos de mis amigos. Todos tenemos la misma edad, “thirty something”; hasta entonces creía que todos teníamos los mismos conocimientos del mundo de las computadoras y la cibernética, pero no. Las páginas de InterNet creadas por mis amigos están más que sofisticadas. Supongo que tienen algo de razón en eso de que son excelentes. Sus páginas Web y sus Blogs tienen los mejores adelantos, una actualidad insuperable, infinidad de enlaces, de imágenes, de juegos, de sonido y vídeos. La verdad es que encontré páginas muy atractivas a la vista. Muy atractivas en un sentido técnico, pero me dio mucha pena darme cuenta que en el fondo algunas de ellas siguen vacías de un contenido más humano, más sensible. No quiero decir que debemos encontrar temas intelectuales o humanísticos en todo lo que hacemos, especialmente en un lugar de entretenimiento como puede ser el InterNet, pero bueno, no todo debe ir con tal rapidez que nos haga olvidar de lo más básico en cualquier tipo de publicación. De los lugares nuevos que encontré también se encuentra un Blog muy especial, uno de los sitios de creación de una gran artista. Estas páginas de InterNet me hicieron pensar que a pesar de todos los adelantos técnicos, lo que muchos buscamos es el texto en toda su simpleza. El lugar del que hablo es el Blog de una mujer poeta con una sensibilidad sin igual. Hace muchos años en la Ciudad de México, pude escuchar en un festival literario y por unos momentos que no olvidaré jamás, a dos grandes escritores, Juan José Arreola y Pita Amor. Descubrí en ellos el placer y la magia de la palabra. Hace algunos meses tuve la fortuna de encontrarme con otro gran escritor argentino Esteban Peicovich. Volví a encontrar en él el amor por la palabra. He tenido la fortuna de estar en muchos festivales y conferencias de literatura y he podido conocer de cerca a muchos escritores, tengo la fortuna de guardar cierta amistad con varios de ellos, pero la verdad es que son pocos los que se entregan a la literatura por amor al arte. Algunos de ellos escriben para expresar ideas políticas o problemas sociales y nada más. No es el caso de los escritores que he mencionado. Tampoco es el caso de la mujer poeta que menciono. Conocí a Elvia Ardalani hace algunos años en una universidad poco conocida de los Estados Unidos. Pronto me di cuenta que estaba ante alguien muy especial. El misterio, el silencio, la belleza, la excelsitud del arte la acompañan como musa inseparable. Sus palabras y el tono de su voz tienen también esa magia que tienen los grandes escritores, los grandes poetas. Su poesía tiene la magia de los textos que no se olvidan. Al encontrar sus escritos gracias a los adelantos de la cibernética, me di cuenta que no hay nada como la simpleza y sencillez del texto, de la palabra. Volvamos al texto amigos. Disfrutemos de la riqueza y magia de la palabra.