Elena,
Te he llamado varias veces pero no logro conectar contigo. Ojala y me puedas llamar o me puedas volver a dejar un mensaje aqui mismo.
¿Qué es lo que tienen los ensayos que se han puesto de moda hoy en día? Esto de la novedad de los “blogs” ha iniciado un movimiento afortunado para los amantes del pensamiento y de la reflexión de ideas, puesto que las lecturas de los Blogs (ciertos “blogs”) se han vuelto más atractivas que las que encontramos en artículos de periódicos o de revistas, y por supuesto que están muy distantes de las lecturas de libros. Este medio electrónico ha facilitado al pensador, ya sea como aficionado a la reflexión de ideas o como profesional de éstas, a no intimidarse por las formalidades que los medios tradicionales de comunicación presentan. Los pensadores modernos escriben sin cesura y sin temor alguno en cómo es que presentan sus ideas. Sus lectores son muchos y están en completa sintonía con la escritura moderna que va acompañada de medios técnicos, podemos estar leyendo y de pronto nos encontramos con “hyper” enlaces o con imágenes de video o sonidos de audio. Todo esto es natural para el lector actual. En todo caso, ¿podríamos seguir llamando “ensayo,” o “novela,” o “cuento,” a los géneros literarios ya conocidos pero que hoy en día se escriben y se acompañan de los medios electrónicos? Recordemos que todos los géneros literarios se han creado como simples medios para transmitir ideas, y si bien si el desarrollo de estas ideas ha creado a veces una compleja o verdadera forma original de creación como por ejemplo los sonetos, por dar tan sólo un ejemplo, debemos admitir que si la compleja creación de estas obras nos es atractiva, nos es más atractiva cuando además de la compleja originalidad de esta creación va unida con un pensamiento profundo e interesante, digno de ser estudiado.
De las más grandes y conocidas gemelas del mundo, sigue quedando tan sólo el vacío. Al alzar la mirada no logramos detenerla más que en el recuerdo. Pero de ese gran silencio surge con la misma densidad con que invadieron las calles las partículas de toda esa gran masa derrumbada, las preguntas que no encuentran respuesta. Más allá de los discursos, de las flores y las lágrimas, el mundo debe recordar las imágenes que alimentaron el terror en todos. Poder recordar con la luz de la memoria cómo es que esa gran ave dorada cortaba el viento y en cuestión de minutos —de segundos en realidad—, dejaba de estamparse en el azul del cielo para estrellarse y prender en llamas una y otra torre de marfil del primer mundo. ¿Qué hacía yo ese día? ¿En esas horas? Leía un libro. Me encontraba detrás de un ordenador. Hablaba por teléfono con un familiar. No. La pregunta va más allá del quehacer diario. En realidad lo que hacía era enajenarme del mundo. Me encerraba sin darme cuenta en un espacio que ahora reconozco, era mi mundo, mi isla no compartida. Y como único dueño y señor de ese espacio, me limitaba a impedir que llegara a mí todo aquello que me obligara a salir y compartir con los demás mis ideas y sus ideas, mi trabajo y su trabajo. Evité a toda costa oír y entender la rebeldía en el discurso de muchos, de la situación de Venezuela, de Cuba, de México, de España, y por supuesto, del Medio Oriente. Llegué a ver las imágenes, es a diario que en cualquier periódico puedo encontrarlas, imágenes de líderes mesiánicos, imágenes de hombres con hambre de paz, imágenes de mujeres y niños que no pueden sonreír. Me limité a ver todo esto como una simple noticia de gente muy lejana a mí. El recuerdo de las Torres Gemelas ha abierto un nuevo sendero en el continuo andar de la sociedad. Ha dado una voz más fuerte al que es amenazado por la más vil y cobarde de las acciones de esos que confunden la Verdad por terror y exterminio. Se ha creado en la sociedad un oído más agudo, un mejor entendimiento de nuestro acontecer diario. Ahora la pregunta es ¿qué estoy haciendo ahora? Ese vacío material ha creado un espacio lleno de fraternidad civil que extiende la mano al amigo para unirse en contra no del hombre, sino en contra de las voluntades corruptas y los deseos de desunión.
Navegando muy en “alta mar” dentro del InterNet, encontré algunos de los sitos que mis amigos me han recomendado. No acostumbro buscar lugares nuevos, ya me pasó la fiebre que supongo nos dio alguna vez a todos —recuerdo que llegué a pasar más de una media tarde navegando sin rumbo alguno, tratando de ver y encontrar todo lo que estos servicios me pudieran ofrecer. Ahora tengo un poco más de sentido crítico, no confío de todo, siempre es bueno tener algo de prudencia. Bueno, navegaba muy despacio página tras página. Los lugares que visité habían sido recomendados como excelentes. Pronto me di cuenta que estoy muy fuera de lugar con muchos de mis amigos. Todos tenemos la misma edad, “thirty something”; hasta entonces creía que todos teníamos los mismos conocimientos del mundo de las computadoras y la cibernética, pero no. Las páginas de InterNet creadas por mis amigos están más que sofisticadas. Supongo que tienen algo de razón en eso de que son excelentes. Sus páginas Web y sus Blogs tienen los mejores adelantos, una actualidad insuperable, infinidad de enlaces, de imágenes, de juegos, de sonido y vídeos. La verdad es que encontré páginas muy atractivas a la vista. Muy atractivas en un sentido técnico, pero me dio mucha pena darme cuenta que en el fondo algunas de ellas siguen vacías de un contenido más humano, más sensible. No quiero decir que debemos encontrar temas intelectuales o humanísticos en todo lo que hacemos, especialmente en un lugar de entretenimiento como puede ser el InterNet, pero bueno, no todo debe ir con tal rapidez que nos haga olvidar de lo más básico en cualquier tipo de publicación. De los lugares nuevos que encontré también se encuentra un Blog muy especial, uno de los sitios de creación de una gran artista. Estas páginas de InterNet me hicieron pensar que a pesar de todos los adelantos técnicos, lo que muchos buscamos es el texto en toda su simpleza. El lugar del que hablo es el Blog de una mujer poeta con una sensibilidad sin igual. Hace muchos años en la Ciudad de México, pude escuchar en un festival literario y por unos momentos que no olvidaré jamás, a dos grandes escritores, Juan José Arreola y Pita Amor. Descubrí en ellos el placer y la magia de la palabra. Hace algunos meses tuve la fortuna de encontrarme con otro gran escritor argentino Esteban Peicovich. Volví a encontrar en él el amor por la palabra. He tenido la fortuna de estar en muchos festivales y conferencias de literatura y he podido conocer de cerca a muchos escritores, tengo la fortuna de guardar cierta amistad con varios de ellos, pero la verdad es que son pocos los que se entregan a la literatura por amor al arte. Algunos de ellos escriben para expresar ideas políticas o problemas sociales y nada más. No es el caso de los escritores que he mencionado. Tampoco es el caso de la mujer poeta que menciono. Conocí a Elvia Ardalani hace algunos años en una universidad poco conocida de los Estados Unidos. Pronto me di cuenta que estaba ante alguien muy especial. El misterio, el silencio, la belleza, la excelsitud del arte la acompañan como musa inseparable. Sus palabras y el tono de su voz tienen también esa magia que tienen los grandes escritores, los grandes poetas. Su poesía tiene la magia de los textos que no se olvidan. Al encontrar sus escritos gracias a los adelantos de la cibernética, me di cuenta que no hay nada como la simpleza y sencillez del texto, de la palabra. Volvamos al texto amigos. Disfrutemos de la riqueza y magia de la palabra.
El fin del PRD