rodrigo

Friday, June 30, 2006

Un cuento

Sueño

Una de esas noches de calor agobiante del mes de junio —justo en el momento triunfal de mi lucha entre el deseo y la necesidad del descanso y el dormir, y la desesperación y la asfixia causada por desvelo y el ahogo con el calor de la noche—, nació la mejor de todas las ideas que se han gestado en mi cabeza. Aparecía en mi mente la mejor manera de dar fin a todos mis problemas. Ella era quien debía desaparecer.

Todo lo veía claro. En todos mis problemas económicos, en todos mis problemas emocionales, e incluso en todos mis problemas físicos, estaba su nombre, su imagen, su mirada; estaba toda ella. Ella era quien debía morir para dar fin a todos mis problemas.

Todo sería muy sencillo. Todas las mañanas la veía. No debía perder más tiempo. En cuanto se acercara a mí, sin dar tiempo a intercambiar una sola palabra, pondría fin a todos mis problemas.

La noche fue muy larga. El calor se intensificó y la oscuridad terminó por tragarse todas las imágenes de mi vista. También desaparecieron todos los ruidos y sonidos que suelen acompañar las noches del verano. Sabía que pronto se acabarían todos mis problemas y sin embargo, sentía mi cuerpo hundirse en un vacío denso y pesado, si es que puede existir tal sensación. Creo que en ese momento me volvió la fiebre y la sed. Las sábanas se adherían a mi espalda y mi almohada estaba más que empapada de sudor con olor a azufre, quizá por los medicamentos. Pensar en cómo se acumulaban las facturas sin pagar; pensar en cómo me habían olvidado todos mis amigos; pensar que en la despensa sólo se oía el corretear burlón de las cucarachas. Pensar, pensar. Todo me daba vueltas en la mente y crecía aquello que ahora era una necesidad en mí.

No recuerdo cómo fue que apareció el día. Ella llegó puntual como todas las mañanas. Sabía que había llegado porque pude percibir el olor de la comida que siempre dejaba al lado de mi cama. Aún antes de caer en cama llegaba algunas tardes a mi casa, a veces con algún libro, a veces con algún plato de comida. Esta vez, a la maldita la acompañaba un vientecillo ligero y algo fresco. Empezó a caminar y a meterse la luz del sol por dentro de mi ventana y fue entonces que se acercó con los medicamentos y la jeringa en la mano. Todo sería muy fácil. Yo sabía que ese medicamento podría dañar fácil y rápidamente a cualquiera.

Cuando abrí los ojos pude ver su rostro sonriéndome. Todo fue como engañar a una niña. Tomé su mano cuando me acercaba la jeringa. Sentí la frescura de su piel blanca y tuve asco. Le arrebaté mi arma y pude ver cómo se transformaba su rostro a uno de confusión y miedo. No pronunció palabra alguna. Creo que calló al suelo más por la confusión y la sorpresa que por el daño instantáneo del medicamento.

Desde mi cama lo puedo ver todo. Mi cuerpo por fin descansa ahí bajo la noche. Quedó contraído y se han acercado a mis ojos abiertos algunas ratas que juegan en ellos. Ella también sigue en el suelo. Sus ojos, como los míos, quedaron abiertos pero los de ella siguen con brillo. Su cuerpo parece más delgado y su piel se volvió más blanca con la luz del sol. Parece que rehuyen de ella las ratas y los bichos. Su cuerpo no escupió sangre sólo empezó a correr de su boca un hilo blanco que corre por su costado.

Monday, June 26, 2006

El miedo


No conozco la historia del miedo. La verdad que es hasta ahora que estamos por ver los resultados en México de las elecciones a la presidencia, que me he puesto a pensar en lo que significa esto. Hablar acerca del miedo bien podría llevar horas; tristemente está unido a nuestro vivir diario. Forma parte a priori de todas nuestras acciones. He sido testigo en pocos años, de un gran cambio para el mal, una degradación de valores y de moral en mi país. Lo que es más, lo he visto en mi propia ciudad y en mi propio vecino. Vivo en una ciudad fronteriza que se ha ido transformando con pasos agigantados en un lugar lleno de violencia desmedida. Ya hemos dicho adiós a aquellas tardes con puestas de sol perezosas y con risas y gritos de niños jugando por horas en las tardes y noches. El narcotráfico, la corrupción y el abuso de gobierno, el sobre abuso de la sexualidad, todo se encuentra en mi ciudad y en mi país. El miedo a unirnos a ese grupo del mal, como estadística de aquellos que caen luchando o como aquellos que terminan siendo partícipes de los actos de violencia, es lo que nos obliga a huir de nuestro país. Esta lucha es muy difícil y es una lucha que cansa. En estas elecciones no tenemos la imagen que deseamos ver de un líder. No existe un sólo hombre de los presidenciables que sea capaz de hablar con fuerza y con propuestas para una unificación del espíritu ajado de México. Nadie habla de familia, de educación y cultura, de relaciones e intercambio entre nosotros mismos, en fin… Nos invitan al voto del miedo y no al voto de la unidad. Vamos cuesta arriba y con un peso de años de corrupción y abusos sobre nuestras espaldas. Los medios de comunicación sólo dan cabida a noticias sensacionalistas que se encargan de alimentar esta cultura del miedo. Esa pintura de Munch bien puede identificar el estado en que se vive hoy en día en México. El ambiente de nuestro país es un ambiente onírico, surrealista, estamos dentro de un lugar donde las luces se vuelven tinieblas. Vivimos en la desesperación.

Tuesday, June 13, 2006

El texto como forma de escape

Me parece lo más natural pensar en la literatura como una forma excelente de escape. Qué mejor que la literatura para que los sueños se conviertan en realidad, aunque sólo sea realidad textual. En cualquier forma de texto, existe un juego bastante raro e interesante. En un texto de ficción pueden existir un conjunto de realidades, debemos recordar que todas las obras, por más fantasías que contengan, se escriben gracias a ciertas experiencias. En algún texto que describa la realidad, un texto histórico por ejemplo, existe un puñado de “hechos” subjetivos que en un futuro terminan corrigiéndose o desmintiéndose. De manera que cuando se escribe, se entra a un juego misterioso de luces y sombras. Es precisamente por estar en un ambiente de realidad y fantasía, de verosimilitud y mentira, que la escritura/lectura resulta ser el espacio ideal para el escape. Un mundo lleno de palabras donde el escritor y el lector se hacen cómplices al huir a otro mundo. Creo que _Palinuro de México_, es el primer texto que me viene a la mente, es el ejemplo perfecto para identificar un texto donde existe una verdadera fiesta de palabras. Dejando a un lado el tema de gran seriedad que se toca en la obra, F. del Paso debió sentirse en inmundo donde sólo él era quien lo regía. Sus propias palabras, su propio estilo, su propio tema. Y el lector hace suyo ese mismo mundo. Desde la primera página el lector escapa a un mundo de lectura paliativa. Un verdadero descanso de un mundo de realidades que cansan cuando son vividas a diario.

Monday, June 12, 2006

Un poema

Cariátides

Parece que tu mirada se pierde en el mar azul,
me pregunto si alguna vez descansó sobre el malecón o en los que ahí estaban.
Pero eres tan sólo una y más figuras en un edificio cualquiera,
un rostro que se multiplica idéntico y estático.
Formado de piedra y de concha a ti el salitre no llegará, tú también vienes del mar.
¡Qué seriedad tan severa la tuya!
Tu mirada al mar.
Tu mirada perdida.
Tu seriedad respira soledad y recuerdos.
En tu cuerpo las conchas molidas y trituradas alguna vez tuvieron vida.
Tu rostro de figura humana llama a la antigua Atlántida, la Atlántida perdida,
y dejas de ser figura o estatua y eres cuerpo de mujer en palacio,
y con melancolía desearías bajar tu mirada al malecón que nunca alcanzas.
En aquel horizonte contemplas la reverberación del cielo sobre el mar.

¡Cuántos ojos se han alzado hacia ese azul del cielo en la Habana!
Llegar hasta ese límite de la isla, la eterna unión de mar y tierra.
Caminar en la ciudad entre estatuas vivientes, frías e indiferentes.
Rostros y figuras estáticas.
Hombres y mujeres reales. Niños y viejos reales. ¡Seres de carne y hueso!
Todos guardando un mismo compás y seriedad ante mí que soy de fuera.
Miles de ojos se alzan al cielo,
¡que sea al menos su mirada la que huya y se pierda en la nada!
Pero sigues ahí, en esa ciudad y en esa calle, sin conocer futuro alguno.
Parece que esa chispa de tu interior se apaga, que no tienes ni sangre ni alma.
Tu rostro frente al mío en silencio con la mirada lejana y perdida.
Y aquí y allá eres igual, tan sólo una multiplicación de tu figura en la calle.
Y al encontrarnos en el malecón vuelvo a contemplar tu triste mirada
elevada a un cielo infinito que para ti… no es ni esperanza ni es nada.

19 / II / 2005 La Habana

De los años de Urbana-Champaign

De los años de Urbana-Champaign

De mis amigos podría decir mil cosas. A todos les agradezco su amistad, de todos he aprendido mil cosas. He pasado muchos y muy buenos momentos con todos. Tengo muy presentes los años de Urbana-Champaign y Lincoln Green, donde pude convivir muy de cerca con muchos amigos.

Esos fueron los años de Lincoln Green: John, Mike, Ben, José, Dan, Fr. Jim y Fr. Jerry, Ashok, Lucas, Pert… y la lista continúa. Debo admitir que ésta es una lista muy injusta porque conviví con mucha más gente en esos años (aunque estos que he nombrado han sido los más cercanos a mí, y con quienes sigo manteniendo cierto intercambio de noticias).

Los amigos de U of I también son muchos. Cornelio y Alan son dos de mis buenos y grandes amigos. Tengo muchas amistades más con las que tal parece que hemos coincidido en guardar un silencio mutuo que espero pronto termine. Recuerdo muy bien las risas y las charlas con Brenci, con Letania, con Bridie y Ryan, con Irune. He mantenido un contacto esporádico con María A. ¡Qué mujer tan grande! Su poesía toca a cualquiera. Hemos intercambiado varios correos electrónicos y ahora deseo invitarla a un programa de poesía que estoy preparando con otro gran poeta amigo mío, Eduardo Espina.

Estos son algunos de los amigos de aquellos años. Los recuerdos que guardo son muchos más.

Friday, June 09, 2006

La escritura

Me han preguntado si me gusta escribir. Dicen: Si te gusta tanto la lectura, también tiene que gustarte la escritura. ¿Has escrito o piensas escribir alguna vez?

Sí, alguna vez intenté escribir una historia de ficción. Empecé como me puedo imaginar que comienzan todos los principiantes, con toda la emoción y el entusiasmo que puede ofrecer la edad de las ilusiones. Deseaba escribir todas mis experiencias. Cuando se vive la edad de la pubertad, experiencia significa todo aquello que leemos, vemos e imaginamos. En otras palabras, hacía mías las experiencias de aquellos a quien admiraba. Pronto comprendí que aparte de ser eso una chapuza, mi vida daba tantas vueltas que era imposible detener el tiempo en un instante.

Pero el momento del amor llega siempre. Y aunque casi siempre es mal entendido por la juventud, que suele confundir apasionamiento febril con la quietud religiosa del verdadero amor, mi primera experiencia con el amor me llegó en forma de texto. Desde muy joven me he sentido atraído por la lectura, y en cierto momento –quiero pensar que el más oportuno–, llegó a mis manos aquel librito de ­­_La amada inmóvil_. Cada lectura de ese libro me hacía soñar con encontrar aquella mujer, la única mujer, mi mujer. Le escribí los versos más cursis que se han escrito. Desgarré en papel mi corazón y mi vida entera. Claro que con el tiempo, muy poco tiempo, volví a darme cuenta que aquello que escribía estaba muy lejos de ser literatura, y, lo principal, muy lejos de ser realmente parte de mi vida. Así que adiós a la poesía.

En algunas clases de la carrera –tengo una licenciatura en literatura española– se me dio la oportunidad de escribir algunas cosas. Recuerdo muy bien que en una clase que debió ser de gramática se nos dio un curso de escritura creativa, un chapuzón de la profesora, por cierto que ella es hoy muy buena amiga mía. Ahí escribí, entre otras cosas, un mini-cuento. Creo que lo mejor que he escrito hasta la fecha. También le gustó mucho a la profesora y me escribió muy buenos comentarios. Pensé que ese era el verdadero inicio de mi carrera como escritor, pero la creatividad se quedó en aquella clase. No volví a escribir nada digno de mención.

Las cosas que he vuelto a escribir han sido de critica literaria y cultural, nada creativo. Quizá convenga dejar en este espacio algunos de los artículos que he escrito; ya veremos después. Es hasta ahora que curiosamente incursiono en estos espacios cibernéticos, que he vuelto a dar vuelta a las ideas y ya se está gestando una historia que espero tenga buen fin.

Thursday, June 08, 2006

Me han preguntado

Me preguntan de mis intereses. Me dicen, ¿qué te gusta?

Me gustan los libros, pero más que los libros las palabras; podría escuchar por horas las conversaciones de mi amigo el periodista y escritor Esteban Peicovich. Me gusta la magia y el misterio del ajedrez; tengo la fortuna de haber tenido un primer encuentro fraterno con Lincoln Maiztegui, que ha resultado en la mejor de las amistades. La música es vivir dentro de aquello que no se puede describir. Es convertir en realidad todos los sueños. Me gustan los tangos y después de escuchar por años la voz de Carlitos Gardel y Roberto Goyeneche, y porque la vida es una Rueda de la Fortuna, me enamoré de la voz de Susana Rinaldi. También me gusta el cine. Me siento con una deuda del tamaño de todas las montañas del mundo, con aquellos que han sabido hacer buen cine. Creo que aprendí más de la vida al ver Los siete samurai, que en muchos de los libros que he leído.